En primera persona

Sobre

Soy Juany Salazar. Nací en el campo de Jalisco, y todo lo que pinto todavía huele a esa tierra.

“No elegí pintar. Pintar fue el único idioma en el que el campo me dejó hablar.”

Durante años pensé que el arte era para otras personas — gente con escuelas, con nombre, con dinero. Yo era maestra rural, hija del rancho, una mujer que cosía para ayudar en casa. Hoy sé que todo eso ya era la obra: el hacer con las manos, el mirar de cerca, el nombrar lo que duele y lo que sana.

Juany dibujando

De dónde vengo

Una infancia hecha de manos

Nací el 22 de octubre de 1989 en Tototlán, Jalisco. Mi madre cuidaba la casa; mi padre trabajaba la tierra, criaba ganado y tapizaba muebles. En una casa donde nada sobraba, aprendí pronto que las manos resuelven: aprendí a coser, a remendar, a hacer algo de casi nada.

Nadie me enseñó a dibujar. Dibujaba porque no podía no hacerlo — en los márgenes de mis cuadernos, en retazos de tela, en cualquier superficie. El dibujo nunca fue un pasatiempo: era la manera en que entendía el mundo.

En el aula rural

Mi otra vocación

Maestra rural — siempre la artística

Antes de vivir de la pintura fui maestra rural. En aulas pequeñas, lejos de todo, siempre fui ‘la maestra artística’ — la que pintaba los murales, la que inventaba los vestuarios, la que convertía una caja de cartón en un escenario para que los niños vieran que la belleza también se hace con las manos.

Les enseñé lo que alguien debió decirme antes: que crear no es un lujo. Que un niño del campo también tiene derecho a imaginar, a ensuciarse, a equivocarse y a firmar lo suyo. Llevo cada una de esas aulas en la forma en que pinto hoy.

Con los niños
Taller infantil
Sesión · modelo y pintoraSesión · modelo y pintoraSesión · modelo y pintoraSesión · modelo y pintora

El cuerpo

El cuerpo como lienzo — modelo y pintora

Durante mucho tiempo el cuerpo desnudo fue, donde crecí, algo que se escondía. En mi obra decidí mirarlo de frente: pinto el desnudo, y también he sido quien posa. Ser modelo y pintora a la vez me enseñó que no hay vergüenza en la carne — solo verdad.

Pintar un cuerpo es pintar una vida entera: sus cicatrices, su peso, su ternura. En esas sesiones no hay seducción; hay respeto, y el trabajo callado de dos personas mirando con honestidad lo que significa ser humano.

Lo que me mueve

Tres cosas en las que creo

01

La imperfección es verdad

No borro el rastro de la mano. La grieta, la pincelada suelta, el borde disparejo — ahí vive la honestidad de una pieza.

02

El campo es memoria

Todo lo que soy viene de la tierra: la luz del rancho, los animales, las mujeres que trabajaron sin aplausos. Pinto para que nada de eso se olvide.

03

El arte es de todos

Nadie debería sentir que la belleza no es para él. Por eso enseñé a los niños a crear, y por eso quiero que mi obra siga siendo cercana, humana, alcanzable.

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